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Seguimos en el Parque Rural de Anaga. Hoy, con un día fresco y luminoso, tomamos Solís como punto de partida de la excursión. Ya expliqué en una parrafada anterior (Pico de Isogue), que es éste un paraje con cadenas y carteles de prohibido el paso. Pese a ello y a la advertencia de algún vecino, nosotros continuamos con nuestro disfrute de las vistas del Teide, todavía nevado, las impresionantes montañas y valles que nos rodean y el estallido de las flores, aquí muy abundantes.

 

Por la pista que asciende suavemente, tomamos a la izquierda el tupido sendero que nos lleva al Lomo de Siete Fuentes. Apenas dos casas deshabitadas y dos dragos que parecen hacerse compañía en este solitario lugar. En una de estas casas todavía se conserva parte del mobiliario y utensilios utilizados por sus moradores hace algunos años.

 

Cresteando por el lomo llegamos a un vereducho que conecta con el sendero que va a Punta del Hidalgo. En la Degollada de Agudo hacemos una parada para disfrutar de las vistas del Barranco de Flandes que pateamos en nuestra caminata anterior. Lejos, en el fondo del barranco, la Casa de los Lirios.

 

En este punto se impone una decisión: desandar el camino, salir por Punta del Hidalgo o subir por el canal de Barranco Seco hasta Bejía. Dado que dos compañeros no conocían este canal, había que poner remedio a tanto desconocimiento. Pocos lugares se le pueden comparar. El canal colgado de las rocas rojizas y ocres, la altura de vértigo, los inexpugnables gigantes pétreos enfrente… De fábula. En una hora alcanzamos el pequeño caserío de Bejía. Nos resta la pechada desde El Peladero por el sendero que en continuo ascenso nos lleva hasta la Casa de Fuset (La Tosquita) y de aquí a la pista del Moquinal en la que finaliza el paseo.

 

Larga andadura que acabé con el alma rota. Al día siguiente tenía agujetas hasta en las gafas. En fin, bien está lo que bien acaba, combinación de ejercicio físico y disfrute de nuestros tesoros naturales. Tabaibas, veroles, pastel de risco, trebolillos, violetas, hinojos, follaos, inciensos, cerrajas, palomeras… ¡Cuántas especies! ¿Quién las conoce todas?

 
 

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Aquí estoy de nuevo juntando unas pocas letras para describir nuestra última andadura por esa telaraña de pistas y senderos que es el Parque Rural de Anaga. Teníamos claro que la aventura habría de discurrir por algún paraje poco pateado, rebuscado, lejos de esos caminos archiconocidos. El encajonado e impracticable Barranco de Flandes, en Punta del Hidalgo, resultaba una buena opción. Debe su nombre al gomero Juan de Flandes, que recibió tierras en esta zona en el siglo XVI.

 

Desde la gran manta sabandeña que se encuentra  junto a  la carretera, estudiamos cómo atacar la profunda e imposible cortadura. Estaba claro, en la curva, unos cuantos metros antes del restaurante “El Abogado” tumbamos hacia la derecha y llegamos a una pequeña capilla que se encuentra bajo la advocación de la Virgen del Carmen. Ahora, sin posibilidad de extravío, pegamos a subir por la estrecha callejuela que en unos pocos minutos se convierte en sendero.

 

Debemos cruzar el barranco y solamente podemos hacerlo por un canal que se encuentra a varios metros de altura. Una caída sería fatal. Este mal paso queda absolutamente vedado a quienes sufran de vértigo, niños o personas que no posean una gran seguridad al andar. Los cuatro pasamos, haciendo gala del arrojo que siempre nos ha caracterizado.

 

Proseguimos ahora ascendiendo por un camino entre bancales abandonados. Varias muestras de la cultura del agua: galerías, atarjeas por las que antaño corrió el agua clara y cantarina, estanques, tuberías…Útiles en otro tiempo, hoy sufren un profundo deterioro. Trompezón de un compañero, a veces ocurre. ¡Afiáncese cristiano!. En cualquier mato se manca una bestia. No fue nada, la cámara fotográfica se salvó.

 

En este buen día, sin calor que ofenda ni frío que incomode,  iban a hacer su aparición las auténticas protagonistas de la excursión: las “agarrapatas”. Con alborozo salían a nuestro encuentro. Cienes y cienes, la madre que las parió. Subían por las botas, se introducían en el pantalón y trepaban por las piernas afanosamente, buscando la puerta de entrada al torrente sanguíneo. Procedía el streap-tease integral en un vano intento de desembarazarnos de estos asquerosos bicharracos. Nunca nos había pasado. Algunas nos acompañaron a almorzar e incluso se vinieron para La Laguna en el coche con nosotros.

 

La Casa de los Lirios, de poético nombre, se encuentra en un aislado rincón de ensueño. Se trata de un paraje idílico. ¡Cuánto silencio! Soledad, aíre puro, naturaleza jugosa, placer para los sentidos… Era el destino elegido y aquí echamos un buen rato disfrutando del entorno. En lo alto, las impresionantes paredes de tonos rojizos, escarpados gigantes pétreos, nos cierran el camino. Imposible continuar, los antiguos senderos que conducían a la Degollada de Agudo, por la izquierda, y Solís, por la derecha, se encuentran impracticables. Procede, pues, desandar el camino hasta La Punta.

 

Ya abajo, contemplamos unas magníficas vistas del Teide nevado, la llanura azul y la Finca Sabanda, que se extiende de mar a cumbre, en la que iniciaron los Sabandeños su andadura musical. La edificación de la finca es –según la escritora Mª Rosa Alonso- una falso castillo con un verdadero caballero. Naturalmente se refería a D. José Peraza de Ayala y Rodrigo- Villabriga, insigne profesor e investigador de la Universidad de La Laguna.

 

Cambiando el tercio, pero siguiendo con cosas de barrancos, informar, para aquellas personas que estén interesadas, que el Consejo Insular de Aguas de Tenerife ha colgado en su página web (www.aguastenerife.org) un impresionante trabajo dirigido por el incansable senderista Miguel Pérez Carballo. Se titula Toponimia cartográfica de los barrancos de Tenerife.

 
 

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La mejor improvisación es la que está adecuadamente preparada. Esta frase que se atribuye a Napoleón Bonaparte, viene de perilla a la práctica de nuestra actividad senderista. En efecto, libros de senderismo, páginas web, Google Earth, IDECanarias, GPS… Cualquier medio vale con tal de evitar los extravíos que todos hemos sufrido alguna vez. También es verdad que existen rutas un tanto rebuscadas, poco frecuentadas, de las que no tenemos información.

 

Desde Bajamar, ese pueblecito norteño que tras de Anaga se esconde, al que dedicaron Los Huaracheros su popular canción, contemplamos las impresionantes cumbres. Arriba, vigilante, el Pico de Isogue, Izogue, Izoque… pues todas estas grafías valen. Ya de niño me preguntaba cómo se podría llegar a él. Dichosa costumbre la mía de trepar a las montañas.

 

Ninguna de las fuentes citadas me proporcionaba la información necesaria para abordar esta aventura. Sólo la guía ROTHER de Klaus y Annette Wolfsperger, indicaba el camino a seguir. Antes había recibido informaciones contradictorias, no me convencían, nada garantizaba el buen fin del proyecto.

 

Desembarcamos en la carretera del Batán. En las primeras curvas tumbamos a la izquierda por un sendero perfectamente señalizado. Por el monte verde nos plantamos en un rato en la que se ha dado en llamar “Casa de Fuset”. Nuevamente haré mención, para quienes tengan interés en este enclave, a los artículos publicados sobre esta edificación, hoy consumida por la ruina, en EL DIA (26 de septiembre de 2009 y 19 de febrero de 2011).

 

Por la pista del Moquinal marchamos en esta preciosa mañana con paso vivo hacia Solís. En este idílico lugar que toma su nombre del capitán de caballeros y gran propietario, Tomás Pacheco Solís, contamos seis o siete casas dispersas, con algún que otro cultivo. Charlamos con algunos de los vecinos que ocasionalmente visitan sus propiedades. Varias cadenas y carteles de prohibido el paso intentan disuadir a los visitantes. Algunas viviendas han sido saqueadas, de ahí la justificada desconfianza de sus dueños. Aún así, no puede admitirse el cierre de caminos públicos por particulares, circunstancia que con frecuencia se da.  Ante nuestro interés por bajar desde aquí a Bajamar sin utilizar el sendero de La Goleta, ya pateado otras veces, estos vecinos nos aconsejan no hacerlo. Los caminos se encuentran cerrados por la maleza debido al poco de uso. Tampoco están exentos de peligro. Solamente algunos cazadores experimentados se aventuran por ellos.

 

Por estos parajes se movía Dámaso Rodríguez “El Brujo”. Entre noviembre de 1981 y enero de 1991, mató a tres personas, violó a otras tantas mujeres y tuvo en jaque a los Cuerpos de Seguridad del Estado. Gran conocedor de esta zona, escapó en varias ocasiones. Finalmente fue abatido.

 

Por la pista, a la izquierda, nos dirigimos a la casa de La Picona. Un montón de perros, afortunadamente atados, nos dan la bienvenida. El propietario entabla una cordial conversación con el amigo Domingo. Con sus indicaciones continuamos hacia el Pico Isogue. Allí, las vistas sobre  la Mesa de Tejina, Bajamar y la Punta del Hidalgo resultan bellísimas. Después de disfrutar durante un largo rato de este solitario lugar, iniciamos el retorno.

 

 
 

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Estaba claro que el aguacero con abundante aparato eléctrico en La Laguna intentaba desbaratarnos el paseo por Anaga que teníamos previsto. No es tanto el problema de la lluvia, al fin y al cabo es agua, sino el riesgo de sufrir una caída en unos caminos resbaladizos. Rápidamente había que cambiar el plan, pasar del norte al sur, donde el tiempo previsiblemente estaría mejor. Hemos estado a lo largo de estos años en unos cuantos barrancos del sur de nuestra isla: Infierno, Herques, El Río, El Rey, La Gambuesa, Añavingo, Badajoz… Sin embargo, el elegido hoy, que no conocíamos, nos sorprendió por su belleza.

 

A las 10 de la mañana subíamos con paso animoso, como quien va pa la fiesta, por la calle La Degollada de Arico el Nuevo. Tras una pequeña parada en la Fuente El Chorro, continuamos en busca del sendero que habría de llevarnos al Lomo de Tamadaya. El poste de señalización de senderos no dejaba lugar a dudas, bajar por una vereda, cruzar el barranco e iniciar el ascenso. Paisajeando, haciendo fotos y tomándonos algún respiro, pateabamos por el empedrado que sirvió antiguamente para el tránsito de personas y bestias. Domingo puso el turbo y se nos perdió ladera arriba. Ya divisamos en lo alto la llamada casa del Lomo de Tamadaya. El camino franqueado por blancas magarzas es una auténtica delicia. Llama la atención esta edificación de dos plantas, restaurada en el año 1932, según reza en una inscripción sobre una de sus puertas, por su gran amplitud. Poco se parece a las pequeñas casitas consumidas por la ruina que nos hemos encontrado en tantas excursiones. Cuánta paz se disfruta en este lugar. Estos bellos rincones nos tocan el alma. Algo más arriba la era de los Borges. El camino, de frente, se dirige al Contador, a la izquierda, La Sabinita. Desde aquí las vistas del Salto de las Hiedras y la cabecera del Barranco de Tamadaya son imponentes.

 

El regreso lo hacemos por el cauce del barranco. Exuberante por tramos, enormes paredes verticales, cuevas en los márgenes, estrechos cañones… En una hora estamos nuevamente en el inicio del sendero.

 

Tamadaya resultó ser un magnífico lugar lleno de posibilidades para los caminantes. Volveremos.

 

 

 

 

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Dos pequeñas excursiones realizadas en el mismo día y que tienen como denominador común el entorno del Barranco de Herques, separador natural geográfico de los municipios de Fasnia y Güimar. El término aborigen “Herques” que también da nombre a otro barranco de Guía de Isora y a un núcleo de población de la misma localidad, proviene de “eres” (poceta excavada donde se acumulaba el agua). No obstante, algún autor ha señalado que esta palabra realmente alude a “lo transitado o pateado”. Quién sabe si este paraje constituiría “la Calle del Castillo” del mundo guanche.

 

Hace algunos meses vio la luz  “La Cueva de las Mil Momias”, interesantísimo libro que cuenta entre sus autores con D. Antonio Tejera Gaspar, Catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna, lo que garantiza el rigor científico de la obra. Asimismo EL DIA de 5 de febrero de 2011 publicaba también el artículo “En relación a la Cueva de las Mil Momias”, del que es autor D. Francisco De Luca López. Recomiendo la lectura de ambos trabajos a aquellas personas interesadas en el conocimiento de nuestros antepasados. Es común que la práctica del senderismo, a medida que vamos conociendo lugares, despierte en nosotros una inquietud por el conocimiento de otras disciplinas: historia, flora y fauna, costumbres…

 

Pese al interés que ha suscitado la existencia de esta necrópolis, lo cierto es que, los intentos de hallar su ubicación han resultado por el momento infructuosos. Sí la menciona José de Viera y Clavijo en su obra “Noticias de la Historia General de las Islas Canarias”, en el año 1772. Quizás la entrada  fue sellada por un derrumbe. Quizás fue tapiada… Queda el enigma de esta cueva enterrada en el recuerdo.

 

La Cueva de las Calzadas que visitamos nuevamente este sábado 5 de marzo de 2011, se encuentra junto al cauce del Barranco de Herques, en el margen derecho. La entrada es muy estrecha, debemos gatear un poco. Ya en el interior, nos encontramos con una gran bóveda. Aunque para algunos esta podría ser la “Cueva de las Mil Momias”, los estudios realizados apuntan a zonas más altas, secas y de mayor inclinación solar. El lugar denominado Guaco, mucho más alto, parece el idóneo.

 

Hemos partido, para esta primera excursión, del campo de fútbol de Fasnia. A la derecha, observamos un grupo de viviendas tradicionales que conocimos en estado ruinoso y que se encuentran ahora en proceso de restauración. Muy cerca, el empedrado nos indica que estamos en el Camino Real que nos llevará a la cueva.

 

En la segunda parte de la caminata nos desplazamos a Aguerche (arroyo pequeño, según unos. El que traza la línea, aludiendo a la separación de los menceyatos, para otros) que dista 18 kilómetros de Güimar y se encuentra a 650 metros sobre el nivel del mar. Pasado el túnel que separa los municipios de Fasnia y Güimar, pegamos a subir por la empinada pista de tierra que nos llevará a este lugar. Allí, fincas con algún cultivo, una era, un corral, una fuente… En una casa restaurada una placa reza: “En esta casa vivieron D. Francisco Delgado-Trinidad y de la Rosa, Güimar 1774-1817, Capitán de Milicias, Alcalde y Apoderado  de Güimar y D. Fabio Hernández Delgado-Trinidad, Güimar 1836 Santa Cruz de Tenerife 1913, Coronel de la Guardia Civil. El Excelentísimo Ayuntamiento de Güimar como homenaje a sus memorias. El Escobonal-Güimar 5 de agosto de 1986”.

 

Una señora, descendiente de los antedichos señores, amablemente nos aportó un gran número de datos de este lugar en el que nació.

 

Realicé esta caminata con los cromañoides de siempre, con la excepción de Domingo que lleva averiado tres semanas.

 

Estos pequeños surcos en papel me permitirán recordar cuando pase el tiempo, el magnífico día que disfrutamos.

 
 

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Una maraña de pistas y senderos que se entrecruzan y que fueron en otro tiempo rutas comerciales, de trashumancia, de peregrinación, de obtención de brea, de galerías y fuentes de agua… Hoy pululan en este lugar senderistas, ciclistas, motoristas, trabajadores forestales y algún que otro paseante acompañado de su perro. Los tiempos cambian. Hemos desembarcado en Las Raíces y nos dirigimos en nuestra excursión de este sábado de febrero hacia el candelariero barrio de Barranco Hondo.

 

Iniciamos nuestra andadura por una pista que comienza en esta zona de recreo tomando la dirección sudeste. Después de realizar algunos tramos campo a través, cruzamos dos barrancos y pegamos a subir por una vereda entre el pinar. Pequeña parada a la sombra de un pino-abuelo para coger resuello. En pocos minutos estamos en la Fuente de Madre del Agua. Se trata de un delicioso lugar junto a una galería de agua tapiada actualmente. Este recóndito enclave es, sin duda, el adecuado para tomarnos un descanso y reponer fuerzas.

 

Desandamos el camino hasta encontrarnos una pista de cemento franqueada por pequeños muros. Se trata del camino de Cueva Bermeja. Una vez que dejamos una pequeña edificación a la izquierda, la pista se convierte en un sendero que conserva gran parte de su empedrado original. Tabaibas y cardonales pueblan esta zona. Los barrancos se salpican de los blancos almendros, en flor en esta época del año. En este luminoso día las vistas sobre Barranco Hondo, Radazul y el Lomo Picacho, a la derecha, resultan muy hermosas. Tras superar algunas huertas de cultivos en el Camino Lomo Pájaro, llegamos a nuestro destino.

 

Aunque el sendero cuenta con un importante  desnivel, esta caminata de apenas tres horas treinta minutos, no entraña mayor dificultad.

 

 

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              Con tantos senderos que patear en esta maravillosa isla, debo reconocer que no me gusta repetirlos, siempre busco alguno nuevo. Sin embargo, tengo dos excepciones: los de gran belleza a los que gusta me volver y los que merece la pena enseñar a otras personas. En esta ocasión se sumaban las dos circunstancias: me apetecía volver al Imoque y además Domingo, Fran y Sara, colegas en esta excursión, no habían estado nunca.

 

            Visité esta zona los días 28 de marzo y 11 de abril de 2009, por lo que no repetiré lo escrito en las pequeñas crónicas colgadas en esta página en aquellas fechas. Sólo una pequeña variación que consistió en acercarnos a Las Narices de García, rodeando el Lomo de los Brezos. Por lo demás, Imoque, Suárez, Gollada de los Frailitos, Barranco del Rey, Casa del Ancón y vuelta por la vera del barranco.

 

            Este paraje gana mucho en marzo y abril cuando está florecido. De todas formas, el día fresco y luminoso que disfrutamos garantizó el éxito de esta pequeña caminata. Los colegas llegaron algo cansados pero contentos. Repusimos fuerzas con una estupendo almuerzo en el Restaurante Hermano Pedro de Ifonche.

 
 

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            El sábado, 29 de enero de 2011, nos trajo, tal y como estaba previsto, una lluvia intensa en toda la isla. Los senderistas prudentes y sensatos seguramente optaron por dejar la excursión para mejor ocasión. Nosotros,  que ya habíamos decidido ir al Teide, nos pusimos en ruta muy temprano. A medida que ascendíamos por la dorsal, como tantos otros coches que iban en busca de la nieve, tomábamos conciencia de que la tormenta iba en aumento. En el Portillo nos acercamos al inicio del sendero elegido. La lluvia había perdido intensidad y se registraba un ligero chipi-chipi, aunque todo podía cambiar y acabar como sopas. En cualquier caso, con un tiempo tan desapacible procedía el cambio de plan.

 

            Mientras bajábamos hacia La Orotava valorábamos las alternativas. Decidimos ir hacia Los Silos y patear un camino que ya conocemos y así matar el gusanillo. Nuestro gozo en un pozo, diluviaba. Ante tanta adversidad lo mejor era rendirse y entrar directamente en la cuestión gastronómica. Unanimidad en este punto: el pollito troceado del Palmar bien regado con un buen vino tinto. Todo fenómeno, como siempre.

 

            Fran recordaba que hace algunos años visitó unas cuevas que se encuentran en el Barranco de los Carapatos (topónimo de origen portugués que significa punta de los dedos, punta de una cima, cumbre…) y para allí nos fuimos. Aunque estuvimos cerca, la tupida vegetación y las rocas resbaladizas a consecuencia de la lluvia aconsejaban dejar esta excursión para otro momento. Al amigo Domingo no sé si le quedarán ganas de volver, pues al pasar por unos panales fue atacado por algunas abejas que se cebaron en él de manera despiadada. Trató de convencernos que estas picaduras son buenas para el reuma. El que no se consuela es por no quiere.

 

El propietario de los panales, D, Cipriano Regalado Regalado, con el que tuvimos una agradable conversación, nos contaba que nació en el caserío de Talavera, y que vivió allí hasta el año 1952. Sus padres trabajaban como medianeros y vivieron en este lugar hasta el citado año, momento en que el lugar quedó deshabitado. Las vistas desde este caserío, hoy en estado ruinoso, sobre la isla baja son magníficas, por lo que recomendamos su visita. Este apicultor nos narraba como trepaba a los impresionantes gigantes pétreos en busca de la miel depositada por las abejas salvajes. Para nosotros es un deleite escuchar a estas personas mayores y nos parece que ellas disfrutan igualmente contándonos sus experiencias.

 

            Todavía nos quedaba una rato, antes de iniciar el retorno, para acercarnos a la Hacienda de San Juan de Taco (1591), sin embargo, la lluvia arreció y nos impidió su visita. Queda pendiente.

 

            Normalmente nos informamos de las predicciones metereológicas antes de salir a patear, pero la tormenta fue generalizada, no sólo en Tenerife sino en La Palma y Gran Canaria. El domingo EL DIA recogía  la  noticia de un rescate de diecinueve personas en Anaga.

 

            Con todo, aunque seguimos con “el mono” de caminata, pasamos un día estupendo. El próximo sábado nos iremos al Imoque, Barranco del Rey e Ifonche, si la lluvia nos lo permite.

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Si subimos desde Tegueste por El Sardan o por La Mocanera, nos encontraremos un buen número de pistas y senderos, ideales para la práctica de  nuestro deporte. Desde la plaza de La Arañita ascendemos por la carretera que se dirige al inicio del Camino de la Mocanera, por el que subiremos a La Orilla. Este precioso sendero adornado de una profusa vegetación puede resultarnos algo penoso, sin embargo, poco a poco y con algún descanso para contemplar una magnífica panorámica de Tegueste, nos llevará en menos de una hora a la meseta (La Orilla). Nos encontramos de frente una casa en estado ruinoso. Cuántas veces hemos pasado por aquí. Por la derecha avanzamos hasta unas señales informativas de la repoblación que se está efectuando. Se trata de sustituir el pino radiata (foráneo) por especies propias de nuestra laurisilva (laurel, faya, palo blanco, mocan…). Muy cerca, antes de llegar a una escultura dedicada a los donantes de órganos, tomaremos la pista de Los Dornajos que nos lleva a través del tupido bosque hasta la cabecera del Barranco de La Goleta. Antes de iniciar el descenso hacia Bajamar, nos acercamos, tomando un camino a la izquierda de una gran antena, a una cresta rocosa. Aquí, las vistas sobre la Atalaya de Tejina y el Teide nevado, son impresionantes.